Mumis Pastería: Una mezcla de Perú, Italia y Tiquicia en cada plato

Imaginen a Melvin, un costarricense de 46 años que con gran valentía decidió comerse el corazón de la vaca.

Cuando el órgano estuvo ahí frente a él —rojo intenso, inerte, provocador—, lo pensó un momento y empezó a masticar con la curiosa desconfianza de quien prueba un plato por primera vez.

Esa experiencia es la que hoy les contamos tras visitar Mumis Pastería, un restaurante en Santa Ana donde se fusiona la gastronomía peruana, la italiana y los ingredientes costarricenses.

El resultado es una propuesta que para algunos será maravillosa y para otros un lujo que se pueden dar pocas veces al año o nunca. Aprovecho para recordarles que esto no es una reseña pagada ni una colaboración, por lo que, para bien o para mal, es mi opinión sin presiones o compromisos.

Si tuviera que responder si pienso volver, la verdad es que sí. Me gustó desde el servicio en la mesa y el espacio físico hasta, sobre todo, lo que probé. Pero, en especial, regresaría porque me quedé con ganas de probar otros platos hechos con pasta de la casa, como el seco de osobuco.

Directo al corazón

Hay días en los que me siento más dispuesto a correr riesgos, y ese domingo que fuimos a este restaurante era un buen ejemplo. Por eso, ordené como plato principal un risotto con anticucho y sarsa criolla (¢13.950, impuestos incluidos).

Al llegar el plato, comprobamos que el arroz estaba muy bien: con esa textura agradable, cremoso y con un estilo distintivo del lugar, gracias a un emplatado colorido y lleno de vida. Pero les soy honesto, eso es lo que esperaba porque hasta yo —una persona que ignora mil cosas en esta vida y con millones por aprender— hago un risotto de buen sabor sin mayor ciencia que comprar ingredientes de calidad.

Sin embargo, el corazón de la vaca o anticucho, como lo conocen los peruanos, era el protagonista. Tras mucho pensar en cómo describirlo, tengo que empezar por ese gusto que da el paso de la carne por el fuego; ese rito ancestral de tomar un trozo del animal y llevarlo a las llamas.

Quien disfruta de los cortes de res a la parrilla sabrá valorar muy bien esa textura inicial en boca. Luego llega el momento de la verdad, cuando masticas y te gusta, pero también sabes que es algo intenso, algo que para muchos suele ser la primera vez que se prueba. Es algo firme (recuerden que es un músculo) y con un sabor ferroso. Lo mejor es que lo pruebes y saques tus propias conclusiones.

De Italia a Perú

El segundo plato fuerte resultó ser un clásico: una lasaña, ese delicioso plato hogareño por mérito propio al que en este lugar le dan su toque. Lo rellenan con otro clásico del Perú: el ají de gallina (¢11.950 i.i.).

El color vuelve a ser protagonista; se nota y se agradece el cariño que le ponen al emplatado. Pero ¿qué sería de una linda presentación si la comida no está a la altura?

Por eso les cuento que fue un grato descubrimiento: el sabor del ají de gallina clásico (ese pollo con el ají ligeramente intenso) combinado con la pasta hecha en casa. Además, incluía aceitunas moradas y huevos de codorniz como punto final sobre la primera capa.

Muy bien: dos platos con dos buenas experiencias en la mesa.

Entrada

Para compartir, antes del plato fuerte, pedimos una bruschetta al olivo (¢11.500). Sobre un pan artesanal, colocan una mezcla de pulpo, aceite de oliva, aguacate y queso parmesano.

Mi esposa se comió tres porciones y yo —siempre comelón, nunca incomelón— las cinco restantes. Nuevamente, la presentación del platillo dice que le pusieron cariño. Hay colores que combinan, texturas y detalles que podrían pasar por alto para el ojo de quien anda con prisas.

El pan estaba delicioso; un buen pan caliente es casi imposible que no conquiste corazones. El pulpo tiene una textura agradable, pero además, esa especie de salsa cremosa en la que aparece brinda una experiencia que se desea repetir en cada bocado. El aguacate, en trozos cortados como si fuesen sashimi, aporta más cremosidad al morderlo, permitiendo disfrutar de ese fruto tan noble.

Postre

Un suspiro limeño (o suspiro de limeña) nunca falla (¢5.050 i.i.). Me parece recordar que era una receta familiar. Aunque llueva sobre mojado, la presentación de este clásico postre también dista de las versiones que sirven en vaso corto o copa. Ellos colocan ese dulce intensísimo sobre un plato, luego el merengue y, finalmente, unos trozos de algo que me recordó a los suspiros “a la tica”.

Conclusión

El lugar tiene un concepto que despierta la curiosidad de quienes están dispuestos a complacer al paladar. Fui un domingo, día de gran tránsito, pero eso no fue problema para que el servicio mantuviera su calidad en todo momento.

Si tuviera que buscarle un “pero” (para que no parezca que me pagaron por decir cosas positivas, aunque así fue mi experiencia), es que quizás pagar ¢48.299 es algo que puedo hacer poco. Posiblemente aquí es donde, como el novio que no sabe cómo dejar a su pareja, saco la frase más letal: “No eres tú, soy yo”.

No es un problema de Mumis Pastería, es mío por no tener una liquidez que me permita pagar ese monto cada fin de semana solo por un almuerzo para dos.

Entrada de pejibaye de cortesía.

Información

  • Teléfono: 7018-3319
  • Horario: Todos los días desde las 12:00 m. d. (No se especifica hora de cierre en redes).

Emprendedores

En 2025, Carlos Cordero escribió la historia de los emprendedores detrás de este negocio y la publicó en El Financiero. Les dejo el enlace t.ly/oZvaO por si quieren conocerla.

Su historia, en una supersíntesis, se resume así:

La historia de la familia Castañeda Corzo es un testimonio de reinvención radical que comenzó en Arequipa, Perú. Lo que inició con perfiles profesionales en derecho, economía e ingeniería —encabezados por Fernando y Patricia junto a sus hijos Paula y Nicolás— dio un giro inesperado cuando Paula descubrió su pasión por la cocina.

A pesar de que el restaurante Mumis estaba listo para abrir en marzo de 2020, la pandemia los obligó a subsistir vendiendo alfajores por WhatsApp, con los padres y el hijo realizando entregas personalmente. Esta resiliencia no solo salvó el negocio, sino que los llevó a un éxito rotundo en Perú, donde Paula fue reconocida por la revista Forbes como una de las mejores chefs emergentes del 2024.

Buscando la estabilidad y tranquilidad que el “Pura Vida” ofrecía frente a la agitación política en su país de origen, la familia decidió expandirse a Costa Rica, inaugurando su sede en Santa Ana en julio de 2024. Lejos de ser solo inversionistas, los Castañeda “se han arremangado” para hacer de todo, desde lavar platos hasta limpiar pisos, mientras consolidan una propuesta gastronómica de autor.

Su menú es un diálogo creativo entre tres naciones, donde fusionan la técnica peruana y la influencia italiana con productos costarricenses, sorprendiendo a los comensales con innovaciones como pejibayes grillados con ají pollero o chalaquita elaborada con manzana de agua, demostrando que su mayor éxito es la capacidad de adaptarse y honrar la tierra que los recibe.