Café La Pérgola: Ese lugar maravilloso de Sarapiquí donde la comida y la naturaleza son uno

Hay verdades tan evidentes que hasta se ve mal uno al decirlas, ¿a qué me refiero? Cuando uno suele decir que las calles del país siempre tienen un hueco, que cuesta encontrar políticos honestos o que hay lugares de nuestro país tan lindos que es una barbaridad que, como ticos, no los conozcamos.

Esa última fue la que me pasó cuando llegué al Restaurante Café La Pérgola, en Río Frío, Finca 6, en la zona de Sarapiquí.

No importa lo que yo les pueda contar en palabras, lo lindo de ir a disfrutar de un restaurante que literalmente está a la orilla de un río maravilloso es algo que uno se merece, porque lugares así hay pocos.

Imaginate un lugar con mesas al lado de aguas cristalinas y limpias, a las que, si gustás, podés ir a bañarte antes o después de comer. Con mesas en contacto directo con la tierra y desde las que casi podés tocar el agua.

Me encantó que el lugar no se muestra pretencioso ni con postureo. Es un café lindo, sin duda, con una decoración donde abundan las plantas, sombrillas multicolores y mesas para pasarlo en pareja o en grupos.

La atención es igual de buena: sencilla, cálida y relajada. Y de paso, recordá que al ir uno va buscando un espacio de paz, para bajar las revoluciones, por lo que también podés incluir en el viaje un poquito de paciencia en caso de que se retrasen un poco.

Y por cierto, esto no es una entrada pagada, patrocinada ni nada similar.

Entradas
Estando tan cerca del Caribe, fue imposible resistirse a la idea de unos patacones con frijolitos molidos, idóneos para compartir, por ¢4.180. Cinco patacones que se sienten hechos con cariño, de esos que no han llevado congelados días o quizás hasta semanas antes de llegar a la mesa.

Los frijoles, de los que conocemos, molidos con sazón y listos para untarlos sobre cada patacón. La cantidad es buena; no te pasa eso de que te quedás sin frijoles antes de que se acaben los pataconcitos.

Plato fuerte
Aunque no es lo mismo río que playa, yo me pedí el mar y tierra. Un plato que, por ¢7.645 impuestos incluidos, me ofreció un filete de cerdo a la plancha, ocho camarones de buen tamaño, papas rústicas y una ensalada.

La carne de cerdo tiene la ventaja de que siempre cumple y, si no se pasa de cocción, suele estar suave y con buen sabor. Ese fue mi caso. Los camarones, de buen sabor, con un toque de perejil; las papas, de esas que vienen de las fincas del país, nada de papas congeladas feas; y esa ensalada para darle balance al plato.

Lo otro que probamos fue la crepa de pollo en salsa blanca, también acompañada de papas rústicas y ensalada con nueces, arándanos y fresas rebanadas, por ¢7.645 impuestos incluidos.

La porción es buena, acorde a un plato fuerte. La salsa tiene un estilo que no terminé de descifrar; me da la impresión de que se trataba de una bechamel perfumada con algún licor, pero sinceramente no me atrevería a asegurarlo.

Lo cierto es que de sabor estaba muy bien, siempre y cuando te gusten las comidas con salsas a base de lácteos.

Paseo de un día
Es cierto, no es tan sencillo ir hasta Sarapiquí, pero también es cierto que solemos andar buscando opciones de paseos de un día, y les aseguro que esta es maravillosa. Aprovechar los calores del verano en un río, con un lindo restaurante y buena comida mientras te arrullan esas aguas mansas.

Si tenés dudas, podés escribirles o llamarlos al 8310-8972. En redes sociales los encontrás como @cafelapergola.