
La apertura de International House of Pancakes (IHOP) en Costa Rica hace apenas un par de meses no fue la simple inauguración de un local; fue un verdadero evento. Para muchos, era la posibilidad de recrear esa dulce experiencia de desayuno que habíamos visto en películas o disfrutado en viajes, sin tener que subirnos a un avión. Este entusiasmo ha provocado algo que ya es un clásico tico: filas, filas y más filas, especialmente los domingos. Yo me armé de valor, fui un fin de semana y aquí les cuento, sin pelos en la lengua, si el hype se justifica.
Llegamos un domingo listos para una maratón de espera, pero tuvimos suerte: ¡solo dos grupos delante! La verdad, la espera no fue más de 10 minutos. Lo que sí me llamó la atención es el sistema de manejo de gente. Hay unas carrileras de división, como esas que usan en los bancos o a veces en los aeropuertos, para que la gente haga una fila ordenada. Y aunque eso está bien, se siente un poco impersonal, como si estuviéramos entrando a una discoteca VIP de Nueva York en los años 70… ¡y no es el caso! Una simple fila física, gestionada por el anfitrión que sale a buscar a los clientes, algo que para un restaurante de esta magnitud, se siente un poco simple.

El restaurante, que por cierto comparte espacio con Applebee’s (dato importantísimo), es bonito, acogedor y muy iluminado. Se nota el boom de gente: el personal se mueve a la velocidad de la luz, corriendo por todo lado, algo totalmente entendible un domingo a la hora de desayunar.
Nos sentamos en nuestra mesa para dos. Estaba limpia, sí, pero completamente mojada. De verdad, tuve que usar servilletas para secarla. Son esos pequeños detalles que te bajan la experiencia de un 10 a un 7. El servicio, bajo esa presión de “carrera” constante, fue cordial y eficiente para tomarnos la orden, pero sí, hay que ir con paciencia porque, aunque ellos se esfuercen, la cantidad de gente es brutal.
Siendo la Casa Internacional de los Pancakes, no había otra opción para mí: tenía que probar los básicos. Pedí los tres Buttermilk Pancakes (₡4,900), y mi esposa se fue por un combo más completo (pancakes, tocineta y huevos). La comida tardó unos 15 a 20 minutos en llegar, lo cual es razonable. Y sí, los cuatro jarabes en la mesa (fresa, blueberry, tradicional y butter pecan) son un acierto.
Pero aquí es donde tengo que ser brutalmente honesto: no me gustaron, o al menos, no cumplieron con la expectativa. Mi punto de vista es este, y no es por hablar mal: he probado pancakes muchísimo mejores aquí en Costa Rica, incluso en restaurantes de cadena. Estos de IHOP se sintieron “ralitos”, casi aire, les faltaba cuerpo y contextura. No logré entender, probándolos, la obsesión o el entusiasmo que lleva a la gente a hacer filas de hasta una hora. De hecho, me quedé con la duda de si la receta en CR tendrá alguna modificación, porque no me cabe en la cabeza que estos sean los famosos pancakes del mundo.

Un punto a favor: la porción es generosa. Tres son más que suficientes, a menos que usted sea un adolescente en pleno desarrollo con un sistema metabólico de un Ferrari. Mi esposa, que pidió el combo, confirmó que para ella fue una porción demasiado grande.
Mi conclusión es clara, y basada en lo que viví: La experiencia IHOP Costa Rica no está a la medida del hype local. Por el precio, la espera (si le toca) y el producto principal, hay mejores opciones aquí en el país.
Mi Consejo de Oro para el lector es:
El restaurante tiene un horario de domingo a jueves de 7:00 a.m. a 10:00 p.m. y viernes y sábados de 7:00 a.m. a 12:00 a.m..