
Cuando uno busca un restaurante para una ocasión especial, tiene varias rutas: alguien se lo recomienda, aparece en un blog, o lo respalda la calificación en sitios como Google o TripAdvisor. Así llegué a Gusto, o más exactamente Ristorante Gusto Lindora, un lugar de cocina italiana que había visto bien valorado. La visita tenía un motivo muy particular: el cumpleaños de mi esposa. Ella disfruta mucho de la gastronomía italiana y este restaurante parecía la elección ideal.
El domingo al mediodía llegamos con reservación. Ese detalle no es menor: reservar no solo asegura un espacio, también puede traer beneficios adicionales, como descubrimos más adelante. A esa hora me sorprendió lo vacío del lugar: apenas una mesa ocupada. Cuando nos fuimos, solo cuatro más. Tal vez los domingos la gente come más tarde, o simplemente yo estoy acostumbrado a almorzar temprano.

El ambiente
El salón es difícil de encasillar. No es un restaurante de manteles largos ni de protocolos rígidos, pero tampoco uno improvisado. La decoración mezcla muebles de madera sólidos con piezas antiguas, obras de arte y algunos objetos que, aunque desgastados por los años, se sienten escogidos a propósito. El resultado es un espacio con carácter.
Hay dos áreas: una con aire acondicionado y otra sin él. Personalmente, prefiero siempre el fresco, y agradecí encontrar esa opción. Las mesas son de madera, cómodas y resistentes, lo suficiente para transmitir que se puede comer bien sin que el ambiente se vuelva pretencioso.

La entrada
Para comenzar, pedimos un plato para compartir, algo que se ha vuelto costumbre cuando salgo a almorzar con mi esposa. Entre las alternativas había carpaccios de carne, pulpo o zucchini, un tartar y hasta una especie de lasaña de berenjena. Nosotros elegimos prosciutto con burrata.
En la mesa llegó una tabla de madera con una esfera de burrata blanca, cremosa y fresca, apenas bañada en aceite de oliva. La acompañaban hojas de albahaca. A un lado, lonjas de prosciutto italiano, delgadas y generosas. Es un plato que refleja la esencia de la cocina italiana: simple, directo, sin necesidad de adornos innecesarios. La burrata se deshace casi como untable, el prosciutto aporta su sabor curado y salado, y la focaccia completa la experiencia. Un inicio ideal para compartir.
El precio de esta entrada fue de ₡15.900, con impuestos incluidos.
Platos fuertes
La cumpleañera escogió raviolis rellenos de lomito de res en salsa de mantequilla, salvia y queso parmesano. La preparación es sencilla: pasta fresca rellena con carne de lomito, bañada en mantequilla y queso, con unas hojas de salvia encima. Aquí la salvia no dominaba, estaba apenas presente, sin infusionar la mantequilla como ocurre en otros restaurantes.

La porción trae diez raviolis, suficiente si ya hubo entrada, pero probablemente corta para alguien que coma mucho y no pida nada más. En nuestro caso, fue una elección acertada y un buen plato para la ocasión. El precio: ₡14.900, impuestos incluidos.
Segundo fuerte
Yo opté por un fettuccine a la matriciana. Este plato lo había preparado en casa durante la pandemia, en una de esas actividades virtuales en las que enviaban los ingredientes y uno cocinaba en línea. Esa experiencia me dejó el recuerdo de un sabor muy particular, y decidí pedirlo aquí para revivirlo.
La receta se sostiene en tres ingredientes principales: tomate, guanciale y queso pecorino. El guanciale, que en el menú describen como “tocineta italiana”, en realidad es distinto: se hace con la papada y el cachete del cerdo, y aporta una grasa que es clave para el sabor. Mezclado con la acidez del tomate y la fuerza del pecorino, el resultado es una salsa robusta y muy italiana.

La porción fue generosa, nada que ver con la idea de que en los restaurantes “finos” sirven poco. Quedé satisfecho, y el plato cumplió con lo que esperaba. El precio: ₡11.900, con impuestos incluidos.
El detalle de reservar
Al hacer la reserva en línea, nos preguntaron si había alguna ocasión especial. Al mencionar que celebrábamos un cumpleaños, llegó a la mesa un tiramisú de cortesía. Más allá del gesto, lo importante fue que estaba realmente bueno. No fue un postre de compromiso: se notaba cuidado en la preparación, y cerró la comida de la mejor forma.
La conclusión
La experiencia en Ristorante Gusto Lindora dejó varias certezas. El lugar es acogedor, con un estilo propio en la decoración. El servicio es uno de sus puntos más altos: atentos desde el inicio, ofreciendo recomendaciones de vinos y pendientes de cada detalle. La comida cumplió con lo que prometían las reseñas: platos sabrosos, porciones adecuadas y precios acordes a un restaurante pensado para ocasiones especiales.
Los antipastos van de ₡8.900 a ₡15.900, las pastas arrancan en ₡11.900 y llegan hasta ₡25.900 en versiones más elaboradas, como las que incluyen langosta. Las pizzas inician en ₡7.900, y hay carnes y pescados como entraña, salmón y pulpo. Los postres oscilan entre ₡4.900 y ₡9.900, con opciones como focaccia rellena de Nutella. Nosotros probamos el tiramisú, que sin duda recomiendo.

No es un restaurante barato, pero tampoco pretende serlo. Está diseñado para quienes buscan una experiencia cuidada, con un buen balance entre comida, servicio y ambiente. Para nosotros fue el lugar perfecto para celebrar un cumpleaños, y nos fuimos con la sensación de que valió la pena cada detalle.
En redes sociales aparecen como @gustolindora tanto en Facebook como en Instagram. Teléfono 8469 2272. Abren tse martes a domingo al mediodía, y cierran a las 11 p. m., excepto domingos que cierran a las 6 p. m.