
Me encanta cuando el presupuesto alcanza para ir a comer a lugares como Conservatorium, Alta Fiori, The Capital Grille o Pizza Clandestina, pero no siempre se puede.
Por eso, esta semana me fui a tres lugares que pueden ser un salvatandas cuando se anda un poco ajustado de presupuesto.
Hoy dejé de lado eso de restaurantes con cubiertos, saloneros y menús de vinos. En cambio, la entrada de esta semana se trata de ir a comer de pie en una barra, pedir para comer sentados en el carro o en el parque, o incluso sentarse en una de las mesitas de la soda del pueblo.
Les presento frescos color amarillo radiactivo y empanadas, ravioles y tacos dignas de aparecer en las peores pesadillas de cualquier nutricionista.

La Caliente y sus perros
Una auténtica ventanita de esas que están tan cerca de todo pero a la vez escondidas. Un negocio que nació en 2024 para vender exclusivamente perros calientes. Están como a unos 75 metros al sur de la esquina noreste de la Embajada de Nicaragua, en Barrio La California (también conocido por los nocturnos y fiesteros como La Cali).
La oferta incluye perros calientes, unos 10 en su menú. Toda creación parte de lo básico: pan, salchicha, y luego inicia un juego de combinaciones. Algunos con frutas, como el Hawaii (¢3.800), que tiene piña y tocineta más salsas, o el Bogotá (¢4.500), que combina piña, tocineta, queso mozzarella y papitas tostadas.

Si lo querés en combo, sumale ¢1.800 a cualquier perro. También podés agregar ingredientes adicionales por ¢450 o ¢700, según el ingrediente.
Para apegarme estrictamente a la idea de que una comida completa nos cueste ¢5.000 o menos, me pedí el Boston Hot Dog (¢2.800) en combo por ¢4.600. Este perrito incluye su tradicional pan, pepinillos dulces y salsas. Para mí, es lo más clásico de lo clásico.
Debo señalar que el pan que usan es muy diferente a esos panes tristes de algunos lugares; es un pan que denota gusto por hacer las cosas bien. Aunque sinceramente pienso que con muchos ingredientes seguramente se vuelve insuficiente.
Otro aspecto destacado es la salchicha. Me explicaron que es de un cuarto de libra; en otras palabras, es grandecita. Pero mejor que eso es el sabor, no es como esas que parecen masa condimentada y sin gracia.
Ellos abren todos los días desde las 11 a. m. hasta las 11 p. m., excepto viernes y sábados, que cierran a la 1 a. m., y domingos, cuando cierran a las 9 p. m. Tomá en cuenta que es una ventanita y no hay mesas; podés sentarte en la acera, en tu carro, o incluso en una banquita que ellos mismos colocan afuera, pero nada de finuras.
Lo otro que me gustó es que se ve que cocinan con buenas condiciones de aseo, buen precio y además limpio. En Instagram aparecen como @lacalientecr.

El Rey de las Empanadas
Llegué a Empanadas Rey por error. Estaba en busca de un lugar que las redes sociales me recomendaron, pero estaba cerrado. Me estacioné a un costado del parque Okayama, en San Francisco de Dos Ríos, decidiendo qué hacer cuando vi un enorme rótulo que decía: ¡Venga y pruebe!
Una buena invitación no se rechaza, y al final creo que me fue mejor comiendo aquí que en donde originalmente esperaba ir.
Importante, ellos no tienen dónde comer, ni siquiera una barra. Pero que nadie se preocupe porque opciones hay: 1. Comer en el carro si se va motorizado; 2. Comer en el Parque Okayama, que de día está muy bien vigilado; o 3. Pedir para llevar.
Yo me dejé seducir por una empanada de chicharrón arreglada (¢2.500 con papas) y para tomar, un fresco de crema (¢1.150), color amarillo radiactivo de esos que uno no puede dejar de desear. Todo por ¢3.650.

Aunque hoy no se trata tanto de opinar sobre sabores o texturas, me gusta saber que igual no les estoy recomendando algo que pueda ser una embarcada. Porque la empanada tiene un grosor óptimo; estaba bien cocinada, sin tener exceso de grasa o estar tan tostada que pareciera más bien una doradita.
Tampoco tiene el sabor de esas empanadas cocinadas en aceite que debió cambiarse hace como dos navidades. El relleno es ideal: ni tacaño ni exagerado como para que todo se desborde.
La verdad, al pedirla arreglada se transforma en algo que va más allá de la empanada; es una comida completa (no digo sana, pero sí completa), y si le sumamos esas papas fritas, pues no se le puede pedir más a la vida.
Si andás sin miedo a lo que el cardiólogo pueda decirte sobre tus arterias camino a obstruirse, entonces pedí que te pongan las papas dentro de la empanada y la bañen con salsas.
De la crema puedo decirles que es casi irresistible. Me recordó mi niñez cuando mi mamá me preparaba esta bebida, así amarilla como los Simpson. Fácilmente podría comprarme dos y aun así no sobrepasar el límite de los ¢5.000.

Ellos abren desde las 11 a. m. hasta las 2 a. m. para los fiesteros. En Instagram aparecen como @empanadas_rey_.
El clásico herediano
Tras una década viviendo en Heredia, en San Rafael para ser precisos, entiendo que para los habitantes del cantón central y cantones colindantes hay cosas importantes como el Team y los ravioles.
Del CSH no voy a hablar, pero de los ravioles sí. Me costó entender por qué alguien tomaría un canelón, lo rellenaría de carne, lo envolvería en una mezcla de masa con huevo y finalmente lo pondría dentro de dos tajadas de pan cuadrado (o dos tortillas de maíz) para hacer una especie de sándwich.

Sin embargo, sé que les encanta, aunque no exista una explicación lógica. Seamos serios, es toda una rareza eso que hacen con un canelón. Una de las conclusiones a las que llegué es que es una versión de un taco tico, pero en lugar de usar tortillas de maíz, usan un canelón y lo envuelven en esta mezcla o rebosado.
Y si buscan un lugar auténtico para comerse un raviol, entonces la Taquería Fátima, en el barrio herediano del mismo nombre, es la opción que muchos les dirán.

Aunque el combo cuesta ¢5.150, digamos que se los pedimos prestados del otro combo que les recomendé.
Entonces, pidan un combo de raviol; prueben un sándwich de canelón envuelto en una pasta harinosa, con repollo y salsas. Luego de esa visita, si no son de Heredia, tendrán una gran historia para contarles a sus amigos de algo extraño que solo pasa donde la gente camina por media calle.

El combo también incluye papas fritas, que son buenas porque no son congeladas, sino frescas, además de una mayonesa de la casa tan buena y popular que la venden envasada en dos tamaños distintos.
Ya que van a ir hasta Heredia, otra opción de la Taquería Fátima es su tradicional taco, ese que tiene relleno de carne mechada, tortilla de maíz amarilla, repollo y abundantes salsas de tomate y mayonesa. Las papas y la bebida están incluidas también.

Una visita a esta taquería es un viaje al pasado porque cuentan con 40 años de historia, y también es una visita a un mini museo del fútbol herediano y costarricense, con colecciones de fotos de deportistas destacados, como los hermanos Wanchope, directores técnicos como Jafet Soto, entre otros, además de piezas de colección que conservan.

Ellos están 75 metros al sur de la iglesia católica de Fátima en Heredia. Abren desde las 11:30 a. m. hasta las 10 p. m. toda la semana. En Instagram aparecen como @TaqueriaFatima
Conclusión
Estar un toque limitado de plata no es excusa para no salir y probar cosas ricas. De seguro hay cientos de opciones más, pero hoy les traje estas que personalmente fui a probar para recomendarles sin preocupación alguna.

¿Cuál otro lugar para comer por ¢5.000 o menos recomendarías?