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Mon
01
Feb

Videos de recetas fáciles de hacer: ¿En verdad funcionan?

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Tue
26
Jan

Cinco razones para probar el nuevo menú light de Espressivo Bistró

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Mon
11
Jan

Restaurante Yokohama: Cuando la cantidad sí importa

Este negocio tiene sucursales en Heredia, San José y Cartago

Thu
07
Jan

Japonés paga 62 millones de colones por un atún

Algunos acusan al comprador de pagar un sobreprecio para obtener publicidad

Wed
06
Jan

La Casona del Cerdo y mi búsqueda de un chicharrón especial

Este restaurante tiene varios locales en el país

Tue
05
Jan

Riverside: Una pizza capaz de robarme el corazón

El negocio se encuentra sobre la ruta 32, en su interior destacan los detalles en madera.

Tue
15
Dec

PicNic: Es difícil no enamorarse de sus desayunos

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Fri
11
Dec

15 consejos para organizar una fiesta en la que el alcohol estará presente

El consumo de alcohol de forma responsable es un tema en el que todos tenemos que poner de nuestra parte

Thu
10
Dec

Naans & Curries: 5 razones para querer volver muchas veces

El restaurante tiene dos locales, uno en lindora y otro en Curridabat

Tue
08
Dec

Lobster House Gastrobar: el lugar al que nunca volveré

La historia que a continuación les contaré es, a mi pesar, un hecho de la vida real.

Sucedió el domingo 6 de diciembre, cuando quisimos probar un nuevo lugar del este capitalino: Lobster House Gastrobar, un sitio con decoración hermosa, meseros atentos, comida decente, pero una dueña nefasta.

Les cuento. Pedimos nuestra orden que incluía dos entradas y dos platos fuertes, era un almuerzo dominical en familia que pretendía disfrutar, al menos eso esperaba.

Las entradas llegaron, las disfrutamos, sabor normal, no malo,  pero tampoco para sentarse a llorar de la emoción ante la explosión de sabor.

Llegan los platos fuertes y en medio de uno de los camarones de mi plato el viento balanceaba un pelito blanco.

Se lo hice saber a nuestra mesera quien lo llevó a la cocina y regreso pelo en mano para decirme: señora esto no es un pelo, es una “franela”. No hubo disculpa, solo el ofrecimiento de traerme la comida de vuelta, o cambiarme el plato (nota sarcástica de la autora: qué error el mío un pelo en un plato no se puede dejar pasar, pero una franela sí porque el consumo de las franelas es lo mejor que le puede suceder a su organismo).

Impresionada con la actitud, le digo que lo retire y que no lo quiero. Se marcha pelo en mano. El “lo siento” aún lo estoy esperando.

Cuando Melvin terminaba de comer y yo solo miraba las guarniciones que acompañaban lo que quedaba del plato de sweet chili que pedí, llegó amable uno de los meseros a decirme que si quiero que me empaquen el arroz y las verduras que habían en mi plato.

Le digo: “No, lo que quiero es una disculpa”. Asombrado me pregunta qué sucedió, le explico y se va a buscar a la dueña. Error, quiero decir: HORROR.

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