
De comidas coreanas solo tengo experiencia con lo que he probado en Costa Rica. Hasta hoy no he podido viajar a conocer este hermoso país y, sin embargo, lo que conozco de su gastronomía hace que me sienta atraído por estos sabores.
En un viaje gastronómico más —de esos que nadie nos paga por hacer y que me permite decir lo que quiera sin compromisos— terminé sentado junto a la ventana del pequeño restaurante Meet Korean, en San José, 300 metros al oeste de los Tribunales de Justicia.
Por la foto pueden ver que están en una construcción de ese San José de cuando no teníamos a la DEA detrás de un funcionario público. Entrás a su corazón atravesando una cortina de cuentas de color rojo.

En su interior, unas 6 mesas y una barra; afuera, en la acera, una banca donde los comensales fieles esperan que se desocupe un espacio, y muy cerca de todo, la cocina abierta, por lo que también es caliente.
En su menú, un manifiesto: ellos no son coreanos, pero quieren reinterpretar y expresar de una manera diferente el amor por la cultura del “País del amanecer tranquilo”.
El menú es breve, como un amor de campamento, de esos en los que a nadie le da parálisis de elección. Son cinco entradas con precios entre los ¢3.500 y los ¢5.500 más impuestos.
Entre las opciones hay pinchos de pastelito de arroz y salchicha, tofu frito, edamames estilo coreano y dumplings.

En la visita pedimos los vegetarianos: ¢4.800 más 10% de impuesto de servicio. Te sirven seis porciones, muy bien, porque lo usual es que se comparten y por alguna razón en otros restaurantes siempre te los dan en números impares.
Pero lo importante es el sabor. Creo que en su interior la mezcla de vegetales como zanahoria y cebollín (y quizás algo más que no identifiqué) le da algo de color y mucho sabor al combinarse con una salsa de soya con cebollino y ajonjolí.
Definitivamente los pediría de nuevo, o bien probaría los dumplings de cerdo o camarón. Dato curioso: eran de color verde. ¿Será por ser vegetarianos?
Conté 12 opciones —o 13 si sumo las alitas estilo coreano que no estaban en el menú—. El de valor más alto es el bulgogi: ¢9.500 más 10% de impuesto de servicio, y el más accesible es el Tteokgalbi: ¢6.700.

Mi corazón me decía que era día de sopa, por lo que pedí la de la casa: ¢7.800 más 10% de impuesto de servicio. Esta era una receta que, según el menú, se elabora con caldo a base de res y pollo, bok choy, zanahoria, cebollino, ajonjolí, fideos y hongos shiitake. Se puede elegir con albóndigas de res o bien camarones.
La mía fue con camarones. La porción es bien grande, tal vez no tanto como el orgullo con el que uno llevaba sus Converse nuevas al cole en 1992, pero cerca.
Mi impresión es que quien ideó la receta buscó mezclar un caldo intenso, denso, potente, que tuviera textura. Y por eso el crocante que le aporta la zanahoria, la frescura de un vegetal como el bok choy (un primo lejano del repollo), un ligero picante que le aporta el “chili oil”, los camarones y, aún más importante para mí: los hongos shiitake, la estrella del plato.
Estos hongos shiitake, según me explicó una joven que nos atendió con enorme paciencia y amabilidad a pesar de estar “en el agua”, tienen un proceso de rehidratación en el que se mezclan con salsa de soya y azúcar.

El resultado es un manjar sedoso al paladar, con notas dulces que por momentos pensé que eran notas barbacoa.
La sopa es un acierto, y desde luego depende de si usted es fan de las sopas, pero esa variedad de texturas, sabores, aromas y colores es como cuando uno de niño descubrió el resultado de llevarse a la boca leche condensada y Pinito al mismo tiempo: una combinación perfecta.
El segundo plato fuerte fue menos arriesgado: el pollo a la naranja MK, ¢7.500 más 10% de impuesto. Trozos de pollo rebozados con fécula de maíz que, una vez fritos, se bañan en una salsa hecha por ellos con naranja y chile gochugaru (tradicional coreano que, además de ser rojo, le aporta picante y —dicen— hasta un ligero sabor ahumado a las comidas). Luego lo mezclan con kimchi y un banchan de pepino, y lo sirven sobre arroz.

El pollo estaba bien cocido, y la salsa en general era casi imperceptiblemente picante, lo cual está bien, porque si se quiere algo muy picante hay otras opciones. Este es un plato para ir a la segura, para quienes les gusta el pollo pero tampoco quieren experimentar con sabores muy novedosos de la cocina de un país tan lejano.
La primera es que, si a usted le gusta la comida asiática, es muy probable que le guste. Además, que en el menú, si bien es conciso, ofrece opciones para quienes disfrutan la carne, los fideos, las sopas, la comida vegetariana y hasta las alitas.
Lo segundo es que es una pena que el local sea tan chico, porque en lo que estuvimos almorzando vimos a varias personas irse tristes porque no había espacio.

Si de buscar algo de qué quejarse se trata, hay poco de dónde echar mano. Diría que es una pena que no tengan factura electrónica, eso ayudaría a mi contabilidad y pago de impuestos. Lo otro es que no incluyan el precio final con todos los impuestos, como lo indica la legislación nacional, pero posiblemente seré yo la única persona que se queje por eso.
El horario publicado en sus redes sociales dice que abren de miércoles y jueves de 12 a 9 p. m., viernes y sábados hasta las 10 y domingos hasta las 6 p. m.
Para reservaciones por WhatsApp tienen el número 6105-7594. En Instagram y Facebook aparecen como @MeetKoreanCR.