Calor, hambre y chepe: La Perrita del Cura fue el templo gastronómico que me prometieron

Autor: 
Melvin Molina (melvin@elsartencaliente.com)

Es imposible pasar inadvertido ante un nombre ta singular como La Perrita del Cura. Cuando me lo recomendaron me lo aprendí de memoria y quedé antojado de ir a probar su propuesta.

Por cierto, a veces soy lento y confieso que entender ese refrán fue algo que me llevó tiempo en mi juventud.

El lugar queda en el cetro de la Capital, a menos de 125 metros de la Plaza de la Cultura. Por fuera se ve bonito y en especial su interior es aún más agradable.

Su decoración es de restaurante típico post moderno de buen gusto. En otras palabras, ilustraciones que hacen referencia a lugares y costumbres que identifican como ticos, sumado a detalles como canastos para recoger café como lámparas y colores muy tropicales.

Entrémosle 

El menú cuenta con entradas, principalmente gallos y eso me encanta, me hizo sentirme entusiasmado de que nuestra gastronomía se tomara en cuenta.

Yo le aposté a un par de gallos, el de arracache y el de plátano verde ¢800 c/u. La presentación en un plato de loza le daba putos extra. El de plátano me gustó porque combinó bien la cantidad de plátano con la carne y era una porción generosa para un gallo.

Por su parte, el de arracache me gustó que no fuera ta grasoso, es que en ocasiones les ponen demasiada grasa de cerdo y así no se disfruta. Además, la textura era adecuada y con la chilena de la casa eso estaba como para armar una fiesta de gallos.

Como observación solo debo decir que la tortilla no está a la altura del picadillo. Esta se quiebra fácilmente, no sé si es porque las hacen y luego las calientan en microondas que hace pierda su frescura o lleva más de un días de hechas, lo cierto es que no soporta el toque gallero.

Arrempújele

Para saciar el hambre la sección de hamburguesas estaba hecha a mi medida. Son cuatro alternativas, con esas el lugar tiene la tarea de conquistar a los que somos #porsiemprehamburguesas a la hora de ordenar.

Pregunté por una recomendación y la chica que me atendió me comentó que ella siempre le entraba a La del Cura ¢4.500 (por ¢750 extra te da papas).

La pedí: Es una creación que se arma con pan brioche, en el interior torta de carne de res, papa rallada, repollo dulce, queso cheddar y salsa mayonesa-mostaza.

Cuando llegó me persigné. Se veía enorme y prometía pelea. 

El pan se sentía fresco y tuve que ponerme serio para poder darle el primer mordisco. Ante la hamburguesa del Cura, sentí que solo un milagro me salvaría de no chorrearme las manos.

El repollo tenía excelente sabor, mientras que el queso -que literalmente se desbordaba- era una buena combinación con la papa rallada y la torta.

En forma general la hamburguesa tiene un buen sabor y de seguro la pediría de nuevo o la recomendaría a algún comelón. Solo y como observación personal: Tanta salsa y queso termina haciendo que el sabor propio de la torta de carne no se aprecie de forma individual.

Está camote

Hay dos postres de la casa. Un tradicional arroz con leche y unos wafles de camote con cobertura de churro, salsa de chocolate y cobertura de churro ¢2.800, este último fue el que ordené.

Los wafles son trozos de camote cortados al estilo de las papas fritas de Quiznos. La cobertura de churro es una mezcla de azúcar, canela y posiblemente algún otro secreto del chef.

En resumen, la experiencia fue buena, el servicio en la mesa oportuno y atento. Además, los precios que aparecen en el menú son los definitivos, así que nada de sorpresas cuando uno paga.

Ojalá y el lugar mantenga la calidad con el paso del tiempo. Ojalá que la gente responda y ojalá que los precios se mantengan.

Ellos se encuentran 75 metros al oeste del costado norte del edificio Omni, o, de la esquina noroeste de la Plaza de la Cultura, 100 norte y 25 oeste.

Abren de lunes a sábado, de 7 a. m. y hasta las 7 p. m., los ecuetran en redes como @laperritadelcura. 

 

  

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