De cajera a ser la dueña del restaurante antes de los 30

Autor: 
Melvin Molina

María José Guzmán Mora se considera una emprendedora exitosa y lo es. Comenzó trabajando como cajera en un restaurante para ayudarse con los estudios universitarios; ahí descubrió una pasión que la llevó, en pocos años, a ser propietaria de su propio establecimiento: Estación Atocha.

Detrás de esta historia de superación hay momentos de llanto, pruebas y ante todo mucho aprendizaje.

Para convertir al restaurante en uno de los referentes de la gastronomía española de la capital pasaron varios años desde su apertura, allá por agosto del 2006. Pero esta historia de éxito comenzó mucho antes.

La joven concluyó sus estudios en secundaria y no tenía muy claro cuál ruta seguir en la universidad. Probó el periodismo, emulando los pasos de sus padres Rogelio Benavides y Liliana Mora, sin embargo no era lo suyo.

“Fue terrible y desde el primer cuatrimestre le dije ‘¡no!’ al periodismo. Luego ingresé a nutrición y no me fue muy bien en la universidad. Buscando qué hacer ingresé a administración hotelera y a los 18 comencé a trabajar en el restaurante español Casa Luisa”, recordó la joven.

Comenzó como cajera, pero un par de semanas fueron suficientes para que confirmara lo que ya sospechaba: Se enamoró del trabajo con alimentos y bebidas.

María Luisa Esparducer, propietaria del restaurante que llevaba su nombre, era amiga de la familia de María José. Sin embargo fue el trabajo bien hecho el que le ayudó a ganarse la confianza de esta española hasta que la joven asumió paulatinamente las responsabilidades más importantes.

“Llegó un momento en que aprendí cómo funcionaba el restaurante y como la señora tenía a sus hijas en España se iba y me dejaba al frente”, comentó la emprendedora.

Esparducer pensó en cerrar y la joven aprendiz decidió dar el que a la fecha es, posiblemente, el paso más importante de su vida profesional. “Es mejor ser la dueña que a uno lo manden”, pensó y dio el gran paso.

Pidió consejo a sus padres, buscaron el dinero y pagaron un derecho de llave.

Ser el jefe no significa que todo es más fácil y la joven lo aprendió de una manera muy dura. Estando al frente de Casa Luisa se sumaron a la promoción de 50% de descuento con Credomatic y ni ella ni sus empleados imaginaron el poder de convocatoria que tendría.

“Fue un desastre. Los platos duraron horas en salir, la gente se molestó. En otra ocasión se dañó el extractor de grasa o me enfrenté a un momento en que los empleados se ponen malcriados y ahí es cuando me pregunté ¿En qué me metí?”, mencionó Guzmán Mora.

Las malas experiencias no acaban ahí; en otra ocasión un cliente se puso de muy mal humor al punto de amenazar al personal con irse a los puños.

Sin saber qué hacer María José llamó a su padre para que llegara a ayudarle y en minutos su progenitor apareció con un bate de béisbol. Por suerte no fue necesaria la violencia.

Vientos de cambio

Aunque la emprendedora intentó comprar Casa Luisa, al final no se logró la transacción por distintas razones.

Fue entonces que decidieron que era momento de zarpar en busca de nuevas tierras. Luego de buscar posibles locales finalmente encontraron en Sabana norte la casa que hoy ocupa Estación Atocha.

Fue necesario un año de trabajo, de atraer clientes, de reparaciones del inmueble, de solventar diferencias con algunos vecinos y de probar horarios para que finalmente sintiera que el esfuerzo estaba dando frutos.

“Problemas hay muchos, como pequeña empresa siempre es difícil todo: los préstamos, la Caja, el INS. Además hay mucha competencia. También el ser mujer hace todo un poco más difícil, desde que estuve en la universidad me encontré con chefs muy machistas y que por ser mayores no te respetan”, dijo Guzmán Mora.

Hay lecciones que no se aprenden en las aulas y para Guzmán Mora hay varias muy importantes como nunca gritarle a un empleado. También es importante identificar las fortalezas de sus colaboradores y potenciarlas; en Estación Atocha hay empleados que comenzaron como asistentes y hoy son jefes de cocina.

En palabras sencillas, se debe motivar al personal para que se pongan la camiseta. Otra muestra del trabajo bien realizado es que algunos de sus empleados la acompañan desde la época de Casa Luisa y siguen a su lado.

Para quienes sueñan con emprender un negocio de gastronomía la joven josefina les da un consejo vital: “Lo principal es que te guste, que se trabaje porque te apasiona y no por la plata”.

Ella dejó claro que del negocio se puede vivir bien, pero quien lo hace solo con el objetivo de llegar a ser millonario posiblemente terminará decepcionado.

“¿Qué si soy exitosa? Sí claro que lo soy, porque estoy realizando el proyecto de mi vida y me encanta. Hay días en que estás cansado y cuesta levantarse pero todos los días quiero venir. No soy millonaria pero mantengo a un grupo de gente que está conmigo y eso es razón suficiente para sentirme exitosa”, finalizó.

Entre los planes a futuro están remodelar la segunda planta del restaurante para hacer un bar de tapas con más cañas, un menú ligero y menos formal.

Estación Atocha se encuentra en Sabana norte, 100 oeste y 100 norte del ICE. Teléfono 2220-0207. Abren al público de lunes a jueves de 12 mediodía a 3 p. m. y de 6 p. m. a 10 p. m., viernes y sábados de 12 mediodía a 11 p. m.

Costillas de Cordero.

 

Paella de mariscos.

 

El chef de Estación Atocha es responsable del buen sabor en los platillos.

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