Que cansado con los que practican el odio y la xenofobia

Autor: 
Melvin Molina

Cuando era colegial, en mi casa pasamos una época económica dura. Recuerdo que mi mamá estaba sin trabajo y una buena amiga doña Maria Elena le metió el hombro.

Ella era una inmigrante, una salvadoreña que llegó al país escapando de la violencia de su terruño. Doña María Elena tenía, junto con su esposo, una modesta venta de empanadas y algunas otras cositas para matar el hambre y sed de los estudiantes del Tec en Cartago.

El trabajo de mi mamá, hasta donde recuerdo, era hacer las empanadas en la casa de ellos para que luego el señor las llevara al Tec y las vendiera.

Gracias a Dios los tiempos mejoraron en mi casa, mi mamá toda carga sacó sus títulos universitarios como educadora y desde entonces se dedicó a la docencia.

Si se preguntan qué tiene que ver esto que les conté, con un blog de gastronomía, pues déjeme explicarme.

Recordé esa época, en la que además rememoró que comí muchas empanadas cortesía de doña María Elena, porque al igual que esta salvadoreña hoy en el país existen muchos migrantes, algunos refugiados, que son víctima de violencia, de xenofobia y demás y eso hace que me hierva la sangre.

Esto porque somos más que hermanos, los centroamericanos somos una gran familia que estuvo aquí antes del encuentro con los europeos. Luego empezamos a mezclarnos y todos tenemos un poquito de acá y de por allá.

Y justamente algo que me recordó lo hermanos que somos, salvadoreños, nicaragüenses y costarricenses, es la comida y en especial el maíz.

Este producto originario de lo que conocemos como México, se extendió por todo el continente y seguimos usándolo en muchas formas, muchas muy similares, en el Istmo.

O a poco no tienen gran similar las empanadas que comemos en Costa Rica, con las pupusas de El Salvador o los pastelitos de Nicaragua. Todos son básicamente una preparación hecha con maíz molido o masa de maíz, se rellenan y luego se cocina, ya sean en un comal o bien en la técnica de inmersión en aceite.

Por eso es que apesta (como dice mi madrina de boda) que algunos ticos se pongan con odios para con otros centroamericanos. Por favor sean más serios, si todos somos migrantes, si mi familia de seguro tiene algo de aborigen, de nica o europeo.

Vamos al primer caso: La empanada.

Desde que estamos en la escuela era una de mis favoritas, uno en el recreo salía corriendo a la soda para empujar a los compañeros en la fila para que doña Rosa le vendiera una empanada.

Mis favoritas son las de carne mechada, aunque mi esposa me ha inculcado el respeto y pasión por las de queso. Yo soy de los que las prefieren grandes y de ser posible recién hechas.

La masa no debe ser muy gruesa pero sí estar bien cocinada y por favor, ponerle buen chile.

Si buscan unas fuera de lo cotidiano, pueden irse un día de paseo a Chubascos, que ahí tienen unas bien bonitas, en tamaño pequeño, y que en un solo plato se combinan rellenos.

Cómo llegar?, lo mejor es waze, sinio 1 km. al norte de la Laguna de Fraijanes. Carretera al Volcán Poás, Alajuela | Tel: 2482-2280.

Subamos un poco más, lleguemos a El Salvador. La pupusa se parece a la empanada en que es rellena de diferentes ingredientes en su interior (los más temerarios las rellenan con camarones), se hacen de masa y tienen forma circular.

Otra característica es que en lugar de ser fritas, se cocinan sobre una superficie bien caliente, lo que hace que tengan menos grasa que nuestras empanadas ticas. Y por último, se sirven acompañados de una mezcla de repollo con limón y en algunos casos chile. Además de una salsa de tomate.

Normalmente no era muy fan de las pupusas, pero conocí un lugar especial que lleva por nombre La Fiesta de las Pupusas. Está en Atenas y en verdad que ahí se toman muy en serio el arte de hacer pupusas.

A manera de ejemplo, en los otros lugares donde comí pupusas anteriormente tienen de frijol, chicharrón o mixtas, somo como lo usual.  Pero ellos tienen 20 opciones y además la pupusa loca, en la que el comensal la rellena a su antojo.

Me comí una de chicharrón y otra de carne mechada y finalmente encontré una con la cantidad de relleno que me gusta. Además, ellos no las tienen en un solo tamaño, sino que tienen 3 alternativas para apetitos distintos.

Yo se las recomiendo porque el relleno sabe bien, la masa está bien cocida y además el precio es razonable, por ejemplo la grande cuesta ¢3.450 y perfectamente come una persona y queda satisfecha.

Queda en Atenas, 125 metros oeste del Monumento al boyero, en los Angeles de Atenas. Teléfono 2446-6987.

Y por último les voy a hablar de los pastelitos nicas. Lastimosamente estos no los he probado, no conozco un lugar en el país donde los vendan, pero lo que me interesaba era mostrar otro plato centroamericano con el que compartimos semejanzas.

Gracias a la corresponsal de El Sartén Caliente en Nicaragua, la periodista Gisella Ewest, descubrí que la base es masa de maíz como la de las empanadas o las pupusas.

Luego toman una mezcla de queso rallado, azúcar, mantequilla para el relleno. Luego hacen como una tortillita gruesa, le ponen un poco del relleno y lo tapan con otra tortilla. Todo eso va al sartén caliente con aceite y luego a la boca.

Si saben de alguien que haga en el país, me invitan por favor. Porque este pastelito nica me recuerda a otro tipo de empanada guanacasteca que mi abuelita hacía, solo que en lugar de masa de maíz usaba de trigo al horno.

Bueno, aquí me despido, pero es en serio compa, amigo, mae, tico, ciudadano: No se ponga en varas de discriminar a nadie por su país de origen, por su condición de auto exiliado o refugiado, que todos somos hermanos y la cocina nos lo recuerda.

 

 

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