La Lonchera y cómo ser justo cuando el servicio fue realmente malo

Autor: 
Melvin Molina / melvin@elsartencaliente.com

Una de las maravillas de ser bloguero es que se puede escribir lo que uno quiera y como a uno le de la gana. La responsabilidad de uno como bloguero es mucha, justamente porque se puede decir lo que a uno le ronque y eso puede tener repercusiones positivas o negativas.

Digo lo anterior porque llevo cuatro días reflexionando qué escribir de La Lonchera, un restaurante que visualmente es muy interesante, pero donde recibí una atención que claramente dista mucho de ser buena, cuando se trata de casi cualquier estándar de servicio de comidas.

A mi y la señora sartenista nos encanta ir a almorzar fuera de casa los domingos, a veces salimos al patio con los platos y en otras ocasiones el dinero nos permite ir a algún rico restaurante.

Además ella y yo compartimos un espíritu aventurero y tratamos de descubrir nuevos restaurantes. Fue así como el domingo 19 de marzo ella me sugirió visitar La Lonchera, un restaurante que se encontró en Facebook.

Así comenzó todo

El día estaba hermoso, la tarde soleada y calurosa como suelen ser los días en marzo en Ciudad Colón. Apenas llegamos me llamó la atención que usaron un contenedor de camión para instalar la cocina y alrededor de este colocaron mesas, sombrillas de playa y bombillas.

Habían varias mesas llenas, pero encontramos una y nos sentimos afortunados.

Esperamos 15 minutos en la mesa para que una persona nos atendiera, cuando llegó un joven nos tomó la orden: una gaseosa, una bebida natural, una crema de pejibaye ¢3.450, un chifrijo caribeño ¢4.750 y una hamburguesa gallo ¢6.750.

Cuando pasaron 20 minutos y no había rastro de la orden me sentí un aburrido. Cuando pasaron 30 minutos recordé que el chef internacional Jorge Rausch (tal vez lo conocen por el programa Master Chef) me dijo que en un restaurante de alta cocina por el segundo plato se puede esperar unos 34 minutos.

Cuando ya teníamos 45 minutos de estar esperando en nuestra mesa eran caras largas y finalmente a los 50 minutos apareció…solo la crema de pejibaye.

Su sabor era agradable, se sentía textura en la crema.

Seguimos esperando y casi una hora después llegó mi famoso chifrijo caribeño. Visualmente era hermoso, servido dentro de un coco y acompañado con unos chips en una linda canasta.

La porción era como una boca y aunque sé que en temas de gastronomía cada chef es un artista que le da su interpretación a cada plato, sin embargo para mi era solo Rice and Beans, con trozos de pollo en una salsa estilo caribeño con pico de gallo.

Se supone que un chifrijo lleva su nombre por ‘chi’ de chicharrón y el ‘frijo’ de los frijoles, pero ese pollo aunque tenía un rico sabor, cero de ‘chi’. Sin embargo insisto que si así lo imaginó el chef se respeta, aunque a mi como comensal no me parece que deba estar en la categoría de chifrijo, porque le faltan argumentos.

Una hora y cinco minutos después mi esposa molesta fue a preguntar a la cocina qué estaba pasando, y al final me dijo que pagó y que ya nos íbamos porque una hora era demasiado tiempo para preparar una hamburguesa.

Sé que el chef le ofreció que no la pagara y se la llevara, ella igual no lo aceptó ni la pagó.

A buscar un plan B

Con hambre y decepcionados salimos de ahí a buscar un restaurante al que llegamos y en 15 minutos nos prepararon una pizza y pasta.

Mi experiencia me dice que 50 minutos para una crema y casi una hora para un Rice n Beans es demasiado tiempo. Normalmente en una cocina no se hace una porción de la famosa comida limonense, por lo que cuesta aceptar esos tiempos.

¿La comida tenía buen sabor? Me preguntarán, sí lo tenía, pero ir a un restaurante es una experiencia que involucra los sentidos y el buen servicio como un todo.

Si me dicen que es que tenían muchos clientes,  bueno entonces si a su máxima capacidad no tienen cómo resolver todas las órdenes, tal vez se deben replantear si será necesario contratar más personal.

También alguien me podría argumentar que algo le pasó a parte del personal y a última hora no llegó y aún así el chef se la jugó. Bueno, es válido, pero entonces pueden explicarle a los clientes que tienen ese problema y las órdenes están durando en promedio una hora para que cada quien decida si espera o regresa otro día.

Y si usted como chef y propietario ve que está con el rancho en llamas, que sus comensales están esperando tanto tiempo, salga ofrezca una explicación, deles algunas cortesías como unos chips, una bebida, algo que haga sentir a sus clientes que quiere hacerles la espera más llevadera.

Cierro diciendo que espero no tener que volver, pienso que tal vez ese domingo fue el único día del año en que algo salió mal pero sinceramente no estoy dispuesto a invertir de mi tiempo y dinero en comprobarlo.

La Lonchera - Recreo Gastronómico se encuentra 100 metros al este del gimnasio municipal de Villa Colón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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